junio 13, 2024

Es una realidad para muchas familias: llega un día en que uno de los adultos mayores de la familia necesita convivir con alguien que lo cuide, y ese cuidador termina siendo un familiar. Sin embargo, a pesar de conocer a la persona, hay cuestiones propias del cuidado que deben atenderse a la hora de asumir ese rol.

El contexto mundial confirma esta tendencia: la expectativa de vida crece. Las previsiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dan cuenta de ello:

  • En 2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más.
  • Para entonces, el grupo de población de 60 años o más habrá subido de 1000 millones en 2020 a 1400 millones.
  • En 2050, la población mundial de personas de 60 años o más se habrá duplicado (2100 millones).
  • Se prevé que el número de personas de 80 años o más se triplique entre 2020 y 2050, hasta alcanzar los 426 millones.

Teniendo todo esto en cuenta, a medida de que pase el tiempo la necesidad de ejercer roles de cuidado se planteará en cada vez más familias.

La preocupación por el devenir de un adulto mayor que necesita cuidados es una de las cuestiones que se plantean en la consulta con el médico, admite el gerontólogo José Ricardo Jauregui, presidente de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatría y director médico de We Care.

Aconsejan trabajar la empatía, y consensuar sin confrontar para cuidar a adultos mayores.

Resolver quién o quiénes serán responsables de asumir ese rol es una cuestión que por lo general no deja conformes a todas las partes, pero ese es otro tema. Asumiendo que será un familiar el que lo haga, estas son las cuestiones a tener en cuenta.

Señales de que es momento de tener cuidador

Jauregui indica que por lo general, la decisión de que la persona deje de vivir sola se da como respuesta al miedo o la preocupación de que algo pueda sucederle: “Que no puedan pedir ayuda, que no salgan tarde por cuestiones de seguridad, que no puedan resolver cómo hacer las compras, sobre todo si tienen algún grado de fragilidad o de discapacidad, por ejemplo, para caminar”.

Y añade: “También cuando están solos y empiezan con algunos trastornos de memoria, y ahí muchas veces empieza una lucha, porque no quieren aceptar que le pongan gente para que los cuide, y entonces la preocupación ahí es que se equivoquen con algún remedio, que tengan un accidente en el hogar, que dejen una puerta abierta”.

El equilibrio entre cuidar y dejar hacer

Esa lucha a la que alude entre la persona que no quiere ser “cuidada” y la necesidad de su entorno de que sí lo sea, es precisamente el primer inconveniente, ya que se va a dar un conflicto que posiblemente se refleje en el día a día de la convivencia.

“La primera dificultad es cómo se da esta convivencia con alguien que quizás no quiere dejar de ser tenido en cuenta en la toma de decisiones; ese suele ser el gran conflicto, que no se respeten, digamos, sus derecho a seguir siendo autónomo y que se le empiecen a imponer restricciones que generalmente se disfrazan de cuidados”, plantea.

Muchos adultos mayores se resisten a vivir con alguien, ya que sienten que su libertad se ve coartada.Muchos adultos mayores se resisten a vivir con alguien, ya que sienten que su libertad se ve coartada.

Sin embargo, subraya la importancia de estar atentos a que los cuidados no se transformen en restricciones agobiantes: “Hay una delgada línea entre cuidar y no dejarlos hacer, en cuyo caso empiezan a encerrarlos y a volverlos pasivos, porque se les empiezan a suplantar todas las funciones instrumentales de la vida cotidiana, que tiene que ver con el desenvolvimiento en el medio ambiente”.

Por esto, es fundamental poder encontrar un equilibrio, que se construirá de manera artesanal en cada situación, de acuerdo a las necesidades y aptitudes de la persona.

“Hay que encontrar un delicado equilibrio entre la autonomía y dejarlo hacer, respetándolo con algún grado de supervisión, en el sentido de tener las antenas alertas por si se detecta algún riesgo”, propone.

¿Su propuesta? No confrontar, si no consensuar. «Es muy difícil muchas veces, porque también depende mucho de la relación interpersonal que tengan esos padres con esos hijos», admite.

Edadismo vs envejecimiento activo

En tanto, Carolina Díaz, médica especialista en Geriatría y Gerontología y directora médica del Centro Hirsch (que junto a la plataforma Cuidarlos lanzaron el curso «Envejecer en casa, herramientas para familiares»), asegura que es fundamental realizar una valoración geriátrica integral, y entender los “problemas” que afectan a esa persona mayor, atentos a los cambios que puedan suceder en la persona y en el entorno.

En este sentido, recomienda a quienes cuidan adultos mayores practicar ante todo la empatía ya que, según asegura, cuidar de una persona mayor es mucho más que darle un remedio o ayudarlo a vestirse: “Implica brindar un entorno de apoyo integral, basado en una relación empática adaptando el enfoque de acuerdo a sus necesidades y circunstancias”.

Es importante que en la semana los adultos mayores tengan momentos de encuentro con otros.Es importante que en la semana los adultos mayores tengan momentos de encuentro con otros.

Por eso, sugiere “En la medida de lo posible, tener una escucha activa, atenta de la voz de la persona mayor, intentando siempre hacerlos partícipes de algunas decisiones, que sean compartidas, y permitiéndonos así lograr una atención centrada en la persona.

En este sentido, sugiere librarse de miradas discriminatorias, englobadas bajo el concepto de edadismo.

“Sabemos que en la cultura occidental ha predominado una mirada negativa, que llama viejísimo o edadismo, vinculado al proceso de envejecer, y al relacionarnos o cuidar personas mayores podemos caer en ciertos estereotipos y prejuicios discriminatorios», pondera.

Y continúa: «Desde esta perspectiva, se suele pensar que todos los viejos son iguales, o preguntarse ¿qué querés que haga con papá si no entiende nada?, ´o ¿cómo no le va doler las piernas si ya tiene 80 años?, o «la abuela está gaga”.

El aislamiento y las caídas constituyen los riesgos más comunes.El aislamiento y las caídas constituyen los riesgos más comunes.

“Muchas veces se los ridiculiza si se enamoran o si emprenden proyectos nuevos. En este contexto, podemos finalmente caer en un modelo de cuidado paternalista, sobreproteccionista, donde lejos de acompañar con dignidad el proceso de envejecer solemos limitar aún más a la persona mayor en su funcionalidad, en sus capacidades cognitivas y en su dignidad como sujeto”, analiza.

“Por eso, es que desde otra perspectiva hablamos del envejecimiento activo, el cual pone el énfasis en identificar y promover todas las capacidades, recursos y fortalezas que tiene la persona mayor. Es decir, centrarnos en lo que sí puede hacer”, propone.

Herramientas para cuidadores

Díaz explica cuáles son las principales cuestiones a tener en cuenta para cuidar a un familiar:

  • En primer lugar, todo cuidador debe conocer la historia de vida de esa persona (a qué se dedicaba, cuáles eran sus pasatiempos, su comida favorita, a qué hora solía bañarse). Estas herramientas irán construyendo y facilitando el vínculo paciente – cuidador.
  • Tener presente cuáles son las enfermedades de base (es decir patologías agudas, antecedentes médicos de importancia) que presenta, y conocer si existen profesionales para poder realizar consultas y recibir sugerencias para facilitar el cuidado y mejorar la calidad de vida de la persona mayor.
  • Tener una mirada atenta, asegurando en todo momento un trato digno y respetuoso. No debemos dar lugar a infantilizar los cuidados, ni tampoco tomar un rol paternalista, estimular las funciones remanentes, así como brindar los apoyos para compensar déficits es el principal rol de cuidador en casa.

En lo vinculado a la salud física, destaca la importancia de atender:

  • Cuidados de la piel: asegurar una correcta higiene e hidratación de la piel evitará la aparición de posibles lesiones, así como también la principal causa de prurito en la persona mayor que es la sequedad (xerostosis).
  • Cuidados en la alimentación e hidratación: se debe tener una correcta hidratación, así como también adecuar el plan de alimentación a los gustos de la persona mayor: facilitar la ingesta adaptando consistencias cuando sea necesario (modificación de texturas).
  • Favorecer el movimiento: tener presente que la inmovilidad genera múltiples complicaciones en la persona mayor, desde la aparición de úlceras por presión (escaras), constipación, pérdida de fuera muscular, dolor, entre otras. Adaptar actividades a esa persona. ya sea con ejercicios aeróbicos como caminatas, o bien de resistencia muscular.
  • Estimular funciones cognitivas remanentes: Orientar a diario a la persona en tiempo y espacio, darle pistas cognitivas de apoyo, y tratar de sostener al máximo las funciones que aún mantiene con estímulos personalizados. Estas estrategias facilitaran la tarea diaria del cuidador especialmente cuando se trate de personas con demencia.

Caídas y aislamiento: dos riesgos

Díaz plantea que uno de los grandes problemas de las personas mayores es el aislamiento social, por lo que sugiere que, dentro del plan de cuidados, se tenga en cuenta que una parte del tiempo a lo largo del día o de la semana debe estar dedicada a fomentar espacios de encuentros con algún amigo, vecino del barrio, ex compañero de trabajo, o algún familiar.

“Aún cuando esa persona mayor tenga compromiso en su lenguaje o en cualquier esfera de la comunicación, podemos intervenir con distintas estrategias como técnicas de reminiscencia, utilizar recursos como la música, o acompañar el lenguaje verbal del no verbal”, propone.

“Si nos referimos a los riesgos físicos, debemos pensar en primer lugar estrategias de prevención para disminuir el riesgo de caídas. Los lugares más frecuentes de caídas en el domicilio son el baño y el dormitorio, y en general el contexto en cual se suscitan es al momento de ir a hacer uso del baño, que puede ser por urgencia miccional”, precisa.

Y sugiere, para cerrar, “realizar una correcta evaluación de las barreras arquitectónicas que pueda haber en el hogar y especialmente en estos ambientes a saber: desniveles en el piso, alfombras al lado de la cama o en el baño, inapropiada iluminación en la noche en el recorrido de la cama al baño”.

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