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¿Qué sucede exactamente en nuestro cerebro?

¿Qué sucede exactamente en nuestro cerebro?


contraCada día realizamos muchas tareas que nos cuestan. Con mucho gusto aceptamos hacer este esfuerzo, porque sabemos que a cambio seremos recompensados ​​con un salario, o simplemente con el placer de haber realizado un proyecto. A veces, por desgracia, se hace difícil motivarse o concentrarse. En esta etapa, hablamos de una verdadera “fatiga mental”. Si esto ocurre principalmente cuando hemos agotado todos nuestros recursos intelectuales, también puede ser consecuencia del cansancio físico o la falta de sueño.

Agotados, vemos todo como insuperable y nos sentimos incapaces de realizar la más mínima actividad. ¿Qué está pasando en este preciso momento en nuestro cerebro? ¿Es el esfuerzo requerido que nos parece imposible o la recompensa que de repente no nos parece tan motivadora? Esta pregunta está en el centro de investigaciones recientes que han demostrado que estos dos procesos bien pueden contribuir a nuestra desmotivación.

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En 2010, Julian Lim y sus colegas de la Universidad de Pensilvania instalaron a los participantes en un escáner y les pidieron que reaccionaran ante un objetivo presionando un botón tan pronto como apareciera, y esto, con vigilancia permanente, durante veinte minutos. En el transcurso del experimento, notaron no solo un aumento gradual en el tiempo necesario para detectar el objetivo, sino también una sensación de fatiga mental cada vez más notable.

Sus resultados arrojan una firma cerebral de costo atencional y cognitivo en la red parieto-frontal del hemisferio derecho. La actividad de esta red, muy importante al inicio de la tarea, tiende a disminuir a medida que aparece la sensación de cansancio mental. Además, la actividad cerebral registrada en reposo, antes de la tarea, en dos regiones del cerebro, el tálamo y la circunvolución frontal derecha media, predijo la disminución del rendimiento durante la tarea. Habría, por tanto, también marcadores cerebrales de fatiga mental. Pero eso no es todo: cuanto más nos sentimos cansados, más la recompensa puede perder su valor en términos del esfuerzo requerido.

El efecto limitado de los descansos cortos

Tanja Müller y sus colegas de Oxford (Reino Unido) también instalaron a los participantes en un escáner en 2021 y les pidieron que realizaran un esfuerzo de presión manual para obtener una recompensa. En cada prueba, el sujeto podía elegir entre cinco segundos de descanso (sin esfuerzo, pero con una recompensa insignificante) y cinco segundos de trabajo más o menos intenso asociado a una recompensa variable. Sujetos pudiendo estimar el valor subjetivo de la recompensa y el cansancio sentido. Usando este protocolo, los autores pudieron describir dos escalas de tiempo distintas en las que se requería fatiga y deterioro del valor de recompensa. Estas pueden observarse a muy corto plazo durante una tarea –y, en este caso, una breve pausa es beneficiosa–, pero los autores también encuentran, a más largo plazo, alteraciones provocadas por una breve pausa n sin efecto significativo.

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Por Juan Carlos Rodríguez Pérez

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