¿Te ha pasado alguna vez que alguien que te parece borde, insolente, maleducado, rudo o, incluso, ‘guarrete’, tanto por lo que hace como por lo que dice o te dice, te pone muchísimo? Muchas de las personas que acuden a mis servicios de psico-sexología me han confesado su asombro e, incluso, sus sentimientos de culpa, al tener senti intensamente aprovechadasen alguna ocasión, por alguien que les caía realmente mal o les generaba incluso asco. ¡Pero qué pasión y qué enganche! ¿Cómo puede suceder esto?
Más allá de la ‘erótica del malote’, trampa en la que hemos caído casi todos -algo que, un día de hoy, no me cuesta reconocer-, existe una base biológica que nuestro empuje a la trampa del falso enamoramiento. Falso, no porque no lo sientas realmente, sino porque lo que sientes lo ha interpretado como tal, de manera inconsciente, aun conscientemente reconociendo que tal estado no tiene ni pies cabeza. Sí que las emociones, a veces, se confunden.
Tan pronto como «la confianza de asco», aunque cuando sentimos mayor cercanía emocional con una persona, somos menos probables a ver la repugnancia de sus actos o acciones cotidianas. De hecho, es precisamente en el contexto familiar donde se inhibe este asco tan propio del ser humano, al habituarnos a las consecuencias de los cuidados. Mocos, babas, vómitos, pises y cacas ajenas son tratados con normalidad y cariño por las madres y padres de sus propios retoños. El asco es, precisamente, una emoción que pone límitespero que se supera e, incluso, desea, dentro de la pareja.
Saliva, sudor, orina, ventosidades, fluidos genitales e incluso sangre, normalizan, llegando incluso a elevar la excitación. Llámalo escatología o simple amor, pero queda sobradamente demostrado que el sexo no es solo inhibitor del asco, sino que lo convierte en atracción. Sí que cualquier formado de rechazo o asco, lejos de demostrar una renuncia al objeto, muestra una fuerte vinculación con él. Objeto que no siempre ha de llevarse a la cama, por supuesto.
Paul Rozin, psicobiólogo, y su equipo agruparon en categorías esta emoción y sus sensaciones, determinando que una de ellas era el ‘asco la naturaleza animal’, que apareció cualquier elemento que nos hiciera recordar que pertenecemos a ella y, por tanto, que somos seres finitos o mortales. Quizá el sexo, al ser fuente de placer, resulte extraño incluirlo en este caso. Sin embargo, es un eco que socialmente se representa a sí mismo el sexo, los genitales y su vocabulario popular asociado a lo sucio. Es guarro/a si deseas apasionadamente, y además, pedimos determinadas prácticas diciendo «ir a hacer cochinadas». Ya lo dijo Woody Allen: «El sexo sólo es sucio si se hace bien».
El cerebro confunde la excitación con el enamoramiento. Sientes que el corazón se escapa del pecho, palpita fuerte y acelerado, te sudan las manos, sientes un ligero mareíllo acompañado de una sensación sutil de náuseas, el estómago revuelto, mariposas en el estómago las llaman y se acelera tu respiración, está claro, ¡yo enamorado! Pues quizás no, aunque es posible que hasta sientas atracción. Pero puede que te estés equivocando y que lo que realmente suceda es que experimentes estrés, ansiedad, miedo o asco.
¿Cómo se pueden confundir tan diferentes emociones? Porque las emociones no son tan espontáneas ni tan evidentes solemos creer. Stanley Schachter, psicólogo social de la década de 1960, en su ‘Teoría del doble origen de la emoción’ determinó que había una activación física y también psicológica o psicología e interpretación, definida según el contexto y nuestras experiencias vitales. Cuando esta caída se etiqueta como emocional se produce donde Schachter la denomina como ‘atribución incorrecta de la excitación’. Teniendo esa activación física un origen muy diferente al atribuido.
el puente del amor
En 1974, los psicólogos canadienses Donald Dutton y Arthur Aron, de la Universidad de Columbia Británica, realizaron un estudio titulado: «Alguna evidencia de mayor atracción sexual en condiciones de alta ansiedad»; pero conocido popularmente como ‘El puente del amor’, porque se llevaba un cabo sobre puentes traseros de un parque en Vancouver, uno colgante e inestable y otro rígido y seguro.
Este experimento mostró como el ‘asignación errónea de emoción’ podria afectarnos a nosotros sentimientos de atracción, es que muchos de los hombres habían confundido las sensaciones del miedo inconsciente a caer, con un sentimiento de atracción hacia la investigadora. Esta les entregó, mientras cruzaban el puente colgante, la foto de una mujer que reía tapando sur cara y se les pedía que imaginaran la historia que escondía esa imagen. También las ofertas por teléfono, al finalizar, por si tenían dudas sobre el estudio en el que tuvieron y la mayoría llamaron; más del doble de quienes caminoron por el puente seguro. Además, sus historias mostraron mayor contenido romántico y sexual. Pero esto no apareció igual con las mujeres cuando el entrevistador era masculino, pues casi nadie lo llamó. Espero que se contemple la variable ‘orientación sexual’, salvo la falta de realización, quizás se acogieron a la presunción de heterosexualidad.
En particular, por diferentes investigaciones y en diferentes décadas, se ha demostrado que el fenómeno de la ‘asignación errónea de emoción’ afecta a una amplia gama e emociones, como el humor, la euforia, el enfado, el miedo, la incomodidad y el erotismo, además de los sentimientos de atracción y amor. Par tanto, no sería descabellado ver una película de terror en la primera cita. Ni resulta extraño que una discusión acabe en el orgasmo. En definitiva, porque las emociones fuertes pueden generar sensaciones de falso afecto. Por eso que en terapia recomendamos que se sorprenda a la pareja Será o se introducirán nuevas prácticas -no solo eróticas- en la relación cuando la pasión ha volado o la sensación de amor desaparece. Las parejas que comparten nuevas experiencias y desafíos, presentando mayores niveles de atracción. Pero estas no solo se nutren de emociones fuertes, inestables o arriesgadas; existen otros factores que han de cultivarse. Pues si el amor aparece solo tras estas experiencias, quizás sean víctimas de una atribución errónea. Y de amor, nada de nada.
ana sierra es psicologa y sexóloga.
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