Ante los recelos de varios miembros, Stoltenberg dice que la Alianza no tiene una posición
Allá OTAN se pone de perfil ante el posible uso de bombas de racimo de Ucrania. Estados Unidos ha indicado esta semana si disposicin a proporcionar bombas de fragmentacin a kyiv para que pueda seguir con su contraofensiva y expulsar al ejrcito invasor de su territorio. No hay detalles exactos de cuntas ni cules, pero la cuestin es un problema serio para la imagen de la Alianza Atlntica, que est dividida internamente.
No es un debate cmo los que se han visto en el último año, centrado en el riesgo de escalada. Los socios europeos y de la NATO enviaron primero ayuda médica a Ucrania, después de balas y armas cortas. Despus armas automticas, defensas antiareas, artillera, obuses. Y el aumento sigui con carros de combate, misiles avanzados o cazas. Antes de cada salto hubo discusión y preocupación, porque toda acción tiene una reacción en Mosc. Pero esta vez el recelo es de otro tipo, y por razones muy objetivas. Rusia ha usado bombas de racimo sin reparar, y ante la indignación de occidente. Su fabricación, almacenamiento y uso está prohibido en los más de un centenario de pases que han firmado la Convención sobre Municiones de Racimo de 2008, que irónicamente fue lanzada a la propuesta entonces del primer ministro de Noruega, Jens Stoltenberg. Pero ni EEUU, ni Ucrania ni Rusia forman parte.
«La NATO como Alianza no tiene una posición sobre la Convención sobre Municiones en Racimo porque varios Aliados la han firmado la convención, pero otros no. Y corresponde a los Aliados individuales tomar decisiones la entrega de armas y sobre suministros militares a Ucrania», ha dicho este viernes el ahora secretario general Stoltenberg, atrapado en una posición realmente incómoda. l, como muchos estados, comenzando por Alemania, no están a favor. Hear that Ucrania necesita armas, que tiene derecho a defenderse y saben que la produccin de municin est stancada. pero las bombas de fragmentación causan autnticas barbaridades cuando son usadas, y por eso se abog por su extincin.
«Ser decisin de los gobiernos y no de la NATO como Alianza. Nos enfrentamos a una guerra brutal y tenemos que recordar que esta brutalidad tambin se refleja en el hecho de que todos los das vemos vctimas, y que las municiones en racimo son utilizadas por ambos bandos. Rusia utiliza bombas de racimo en su brutal agresión blica, para invadir otro pas, mientras que Ucrania las utiliza para defenderse. La mejor manera de poner fin a esta brutal guerra es que el presidente Putin y Rusia dejen de atacar. Esa es tambin la mejor manera de detener todo el sufrimiento, las bajas (…) Durante 500 das, Mosc ha llevado muerte y destrucción al corazón de Europa, buscando destrozar Ucrania y dividir a la NATO», ha dicho el noruego en uno de sus Ejercicios tradicionales de equilibrio.
La semana que viene, los líderes de la OTAN se ven las caras en Lituania, donde planean dar apoyo en Kyiv en al menos tres niveles: «En primer lugar, acordaremos un programa de asistencia plurianual para garantizar la plena interoperabilidad entre las fuerzas armadas de Ucrania y la OTAN. tercero, espero que los lderes aliados reafirmen que Ucrania se convierta en miembro de la OTAN en el futuro «, ha dicho en una rueda de prensa previa al encuentro en la sede central de la Alianza en Bruselas.
El tema de las bombas de racimo no es parte de l’agenda, pero se ha convertido en una de las cuestiones principales par los pasillos y corrillos. Ya se están usando sobre el terreno, por ambas partes. En Washington argumentando que kyiv las usara para expulsar soldados, mientras que Mosc las usa para matar civils destrozando ciudades. Pero aun as es un problema cuando gran parte de la narrativa tiene que ver con la brutalidad, las muertes indiscriminadas y los mtodos salvajes. Los 31 socios, y la aspirante Suecia, han dejado escrito que Ucrania, la aspirante 33 y que no se llevará de Vilna una promesa como la que desea, con fechas concretas, debe ganar. Pero no a cualquier precio, ni de cualquier manera. Sobre todo cuando hay alternativas. La Alianza ahora, como la UE, tiene que ser capaz de proporcionarselas.
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