
NETFLIX, DISNEY+ Y ARTE – MIÉRCOLES 31 DE MAYO – BAJO DEMANDA – SERIES
En 1848, el espectro del comunismo rondaba Europa. A día de hoy, solo merodea en las series europeas. Podemos, en estos días, descubrir tres de ellos, lugares respectivamente en España, Alemania y Croacia, que, cada uno a su manera muy diferente, hablan del marchitamiento de una utopía devoradora de hombres.
A pesar de su grosor -diez capítulos de más de una hora- pasaremos rápidamente Los Pacientes del Doctor García. Producida por Televisión Española con el apoyo de Netflix, esta adaptación de una novela de Almudena Grandes (El libro de bolsillo) se marchita a la sombra de una narración trasnochada, de medios tan considerables como mal utilizados. Última parte de una tetralogía titulada Episodios de una guerra interminable, Los pacientes… traje, desde la primera batalla de Madrid, en 1936, hasta la muerte de Franco, en 1975, la suerte de un médico republicano obligado a la clandestinidad, comprometido en la lucha por desmantelar las redes de apoyo a los nazis creadas por el régimen del Caudillo tras 1945.
Como es habitual, el novelista mezcla personajes históricos (los líderes republicanos Azcárate y Negrín, la fascista hispano-alemana Clara Stauffer, el coronel de las SS Otto Skorzeny) y ficticios, el doctor García y su mujer franquista, el agente secreto republicano de obediencia socialista Manuel Benítez. Ahí está la materia para un culebrón amplio y melodramático, que habría mezclado la obsesión anticomunista de la España franquista y los conflictos de género, generación y clase. La compacidad de la interpretación, la linealidad de la narración la hace insípida.
Tourbillon histórico
El caso de Sam, un sajón despertar más interés. Este título, tan intrigante como antiestético, hace referencia al eslogan que adornaba un cartel distribuido por el Estado federado de Sajonia en 1991, justo después de la reunificación de Alemania. Mientras que la antigua RDA fue el escenario de una campaña de linchamiento de la extrema derecha contra los extranjeros, el cartel mostraba el rostro de Sam Meffire, nacido de padre camerunés y madre de Alemania Oriental, que estaba involucrado en la fuerza policial del régimen en Berlín Oriental en el meses antes de la caída del Muro.
Los primeros episodios escenifican la comedia pseudosocialista que permite que, al este del Muro, se pueda tanto reivindicar el internacionalismo proletario como practicar el racismo descarado (no se salvan los líderes de la protesta democrática). La secuela muestra cómo los herederos del nazismo supieron sumergirse en el abismo dejado por el fin del socialismo realmente existente y la futilidad de los esfuerzos esencialmente cosméticos del régimen federal para enfrentarlo.
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