«Eruditos musulmanes en el Magreb», editado por Sabrina Mervin y Augustin Jomier, Diacritiques, «Islamo-logics», 328 p., 25 €, digital 10 €.
Reunidos por Sabrina Mervin y Augustin Jomier, ambos especialistas en el Islam contemporáneo, los doce retratos pintados en Eruditos musulmanes en el Magrebprincipalmente de ulemas -eruditos religiosos encargados de transmitir el conocimiento islámico-, dan una inmersión en la historia del Magreb, desde principios del siglo XIX.mi siglo. Un período que cubre aquel durante el cual estos países estaban bajo el protectorado de Francia (Túnez, Marruecos), o llamados como territorios franceses por derecho propio (Argelia). También las tensiones que marcaron el rumbo de estos degradados eruditos que atravesaron y en ocasiones desgarraron sus respectivos países.
El único de ellos nacido después de la época colonial (en 1966) es Abdallah Serge Althaparro. Francés convertido al Islam, dotado de una sólida formación en ciencias tradicionales, está adscrito a una hermandad sufí. Su presencia en la obra permite mostrar la continuidad de un tipo de enseñanza islámica clásica hasta nuestros días.
Un momento crucial
Como él, la mayoría de estos académicos tienen un objetivo reformista. Buscan conciliar el respeto por una tradición centenaria con la necesidad del Islam de hacer frente a los desafíos de la modernidad, ya se trate de la situación de la educación o de la mujer. Sus vidas transcurren en un momento crucial de la historia del Magreb, que ve sociedades en transformación en la definición de normas y el ejercicio de la justicia. En vista de ello, la vida y los escritos del tunecino Muhammad Bayram V (1840-1889), quien se dedicó al reformismo, incursionó en la política y el periodismo antes de exiliarse en El Cairo, son emblemáticos de un enfrentamiento entre una tradición inmutable y La modernidad europea, un enfrentamiento que deja una profunda huella en su vida y su pensamiento.
La presencia colonial los empuja en particular a abordar delicadas cuestiones relacionadas con la identidad nacional y la preservación de la fe musulmana. Cuando el marroquí Muhammad al-Fasi (1908-1991) tradujo obras históricas al árabe, favoreció a quienes establecieron la unidad cultural y política de la nación marroquí a lo largo de su historia. En sus escritos personales, define una definición territorial y no «etnicista» de la cultura, contrarrestando así el discurso colonial. El argelino Abdel Hamid Ibn Badis (1889-1940), un erudito tradicional de renombre, se convirtió en una figura nacional en la lucha por preservar una identidad argelina.
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