mayo 19, 2024

Frecuentemente escucho a las personas decir que “están en una”. Siguiendo la metáfora de mindfulness, pienso en una ola gigante que se cierne sobre esa persona, en ese momento. De todas formas, también he escuchado a quien ha dicho que su metáfora es estar enredado, sobrepasado por una situación que es envolvente, insoportable.

En cualquier caso, «estar en una» parecería hablar de un momento profundamente desafiante en nuestras vidas, lo que Jon Kabat-Zinn llamaría una “catástrofe total” de las varias que nos tocan enfrentar en nuestra existencia.

Nuestra condición humana es vulnerable, con lo cual no es difícil encontrar ese tipo de momentos, ya sea en nuestra salud, en vínculos, en situaciones socio-económicas específicas (como un quiebre financiero o una guerra), e inclusive en cuestiones esperables como la pérdida de seres queridos o nuestro propio envejecimiento.

Lo que he observado en mi trabajo terapéutico, como también en mi propia vida, es que estos momentos pueden ser, más allá del estrés que nos producen, plataforma de nuevos vuelos de consciencia y espiritualidad para nosotros.

Como la sabiduría universal lo destaca e inclusive las ciencias de la salud también, esos “puntos de no retorno” donde algo se quiebra y no será más lo mismo, constituyen la coyuntura más preciada para cambios profundos.

Cómo surge el sentimiento de “estar en una”

Suele ocurrir de dos formas: una de ellas, cuando se presenta una circunstancia específica, traumática, que sacude el orden o la previsibilidad en la cual caminamos.

Hace un mes me ocurrió a mí, en mi propia carne: me sentía muy bien con mi cuerpo luego de varios años, practicando ejercicio físico y yoga, experimentando mayor flexibilidad y fuerza, y de pronto padecí la ruptura del tendón de Aquiles en una práctica de movimientos con música. Así, de la nada, la catástrofe total se cernió sobre mí.

Una mujer de unos 40 años me contaba algo similar: venía haciendo running desde hacía un par de años y asumiendo desafíos cada vez un poco más intensos, al punto de afrontar una media maratón de 21 km con gran éxito.

En los días posteriores a esa carrera, comenzó a sentir malestar en el menisco de la pierna izquierda. Poco a poco, el infierno temido se le vino encima. Debió operarse y parar varios meses, sin poder continuar con su vida como lo había planificado.

«Necesitamos cultivar cualidades de conexión», dice Reynoso. Foto Shutterstock.

Estos casos pueden parecer menores. Inclusive, superables, ya que hay otros accidentes o eventos aún más dolorosos como el fallecimiento de un ser querido o la pérdida inesperada de una mascota que amamos. En cualquier caso, se trata de situaciones traumáticas de las cuales no estamos exentos.

La segunda forma en la que puedo encontrarme “en una” es más sutil y progresiva, y por ello puede tomarme inesperadamente.

Me recuerda a esa metáfora de la rana que se encuentra en agua fría, dentro de una olla, pero la hornalla está prendida y va calentando el líquido lentamente. La rana nunca percibe que la “están cocinando” porque la progresión es sutil.

Algunas crisis son así, especialmente las vitales: ingresamos a ellas sin saber que están asociadas a muchas cuestiones previas (experiencias, creencias, emociones construidas) que traemos y no nos sirven en el nuevo contexto. La crisis de los cuarenta o la del nido vacío van por allí. La crisis por una profesión que no me llena o por una pareja también.

En cualquiera de las dos formas, necesitaremos recursos. Pero, sobre todo, una nueva forma de ver la realidad, una mayor consciencia.

La emergencia de una mayor consciencia

“En estos dias, exactamente el 19 de septiembre, en India se celebra a Ganesha, la deidad con cabeza de elefante. Este dios es muy adorado para solicitar que nos despeje el camino, que nos liberen los obstáculos tanto materiales como espirituales. Si vas a rendir un examen le pedís una manito a Ganesha”, dice Alejandra Sasso, profesora de Yoga en Ahora Yoga.

Y quizás en su parte no tan positiva se dice que Ganesha también es el responsable de colocar algunos obstáculos para que forje nuestra determinación y colabore en nuestro camino espiritual, agrega.

Es que a partir de la segunda, surge la primera (no siempre): la dificultad puede traer la elevación sobre nosotros mismos. Víctor Frankl también habla de ello cuando menciona esas situaciones catastróficas que te obligan a activar la resiliencia pero también el sentido más profundo de tu existencia.

Para Alejandra, “se puede ‘estar en una’ difícil, pero también puede abrirse una segunda vía que tiene como norte una conexión espiritual, una evolución del ser . Esos callejones que convoca el destino y que te ayudan a despojarte de cosas superficiales, juicios de valor, etiquetas : ‘yo siempre tal cosa’, ‘yo nunca tal otra’…»

“Y ante la dificultad o el límite puede ser que te sientas vulnerable- continúa. Es una tremenda crisis donde la oportunidad radica en despertar esas otras zonas de tu ser que han sido silenciadas o vedadas.”

¿Y qué sería acceder a un nivel más alto de consciencia? Desde mi perspectiva, dos cosas:

Por un lado reconectar con la profundidad de los valores personales a veces dormidos, anestesiados.

Por el otro, “ver con claridad” nuestra cualidad de interser, de interconexión, de que todo está en una danza continua que, dentro de lazos invisibles, nos conecta.

Video

El psicólogo Martín Reynoso presenta un ejercicio que incluye<br />
respiración consciente, agradecimiento al despertar, e intenciones.

«Lo que me resulta más interesante -dice Alejandra- es hacer las preguntas adecuadas que abren las posibilidades y que expanden nuestra potencialidad como seres humanos. En lugar de: ¿por qué me pasa esto a mí? quizás más propicio sea preguntar: ¿Qué tengo que aprender de esta situación?»

«La salida es hacia adentro, pero eso no implica que no lo puedas compartir con otras que comprendan, sean cómplices. Quizás al de al lado le está pasando algo parecido pero nuestros velos nos hacen sentir aislados», explica.

De allí la gran importancia de activar también la humanidad compartida. De intentar conectar, vincularnos, apoyarnos en el otro y apoyar.

Claramente, es importante prepararse para esos momentos, que pueden surgir inesperadamente en nuestras vidas. Por eso necesitamos cultivar cualidades de conexión con nuestros valores y compromiso con los mismos, y paciencia, aceptación y foco, para no extraviar la maravillosa trama que danza frente a nosotros.

Como siempre digo en esta columna, el mindfulness y las prácticas contemplativas son formas sabias y efectivas de nutrirnos de estos aprendizajes que luego despertarán en momentos claves. Cuando, como dice Pema Chodron, todo se derrumba.

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