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«Si hay una sacudida por la noche estamos en peligro»

«Si hay una sacudida por la noche estamos en peligro»


Abderrazek Filali está con su esposa y sus dos hijos en una zona ajardinada en la carretera a Casablanca en Marrakech. «Tenía miedo por mis hijos», dice la esposa, mientras que el marido asegura que «no teme a la muerte porque es creyente». «Lo único por ellos», dice mientras señala a los dos niños que, bajo un árbol, en una silla de camping miran Peppa Pig en el móvil para pasar las horas. Es una de las cientos de familias que varadas en las calles de Marrakech tras el seísmo que sacudió la ciudad y ha dejado en la zona más de un millar de muertos.

Las banderas están a media asta y se han decretado tres días de luto en todo el país. El viento las ondea mientras una de las mujeres que acompaña a Nouredine Lyazidy dice que tuvieron «pánico». «Pasamos mucho miedo y salimos corriendo a la calle», afirma este desplazado de la Ciudad Antigua (La Medina), donde algunas casas se han derrumbado por la fuerza del temblor. «No hay muertos entre mis vecinos, pero tuvimos mucho miedo», señala su tío Badr Lyazidy, mientras una de las niñas se come una ciruela y la madre se tapa el rostro para no salir en las fotos. «Creo que volveremos mañana (domingo), pero depende de si vuelve a haber sacudidas», añade.

La primera noche no se pegó ojo en Marrakech. «No he dormido nada. Estaba pendiente del teléfono por mi familia. La mezquita se movía de un lado a otro. Hubo mucho miedo», asegura un taxista, que vuelve a incidir en el «miedo», la palabra más repetida este sábado en la ciudad. Delante de su coche hay unos camellos amarrados en un parque, donde muchos vecinos se han ido a pasar las primeras noches «por precaución». Allí hay quien duerme en el coche, quien ha montado una tienda bereber como en medio del desierto o quien no tiene más que una manta para echar los días que haga falta al raso.

«Estamos aquí por precaución. No tengo miedo porque soy creyente, pero no podemos volver a casa», asegura Mohamed Salah, que con un grupo de amigos está en una zona ajardinada. «Aquí estaremos hasta que podamos volver», explica el joven, quien señala que fueron autoridades del Gobierno las que le aconsejaron que se fueran de las casas. «Fueron muy educados y nos indicaron que nos marcháramos para estar seguros», añade. Por eso, está en una manta en una de las zonas donde no hay edificios altos. «No se puede estar cerca de ellos», afirma este grupo, que asevera que, desde que comenzó a temblar la tierra han rezado mucho.

Las sirenas no paran. Las ambulancias no dejan de entrar y salir de los hospitales. En Marrakech el tráfico fluye, las obras continúan, los hipermercados están abiertos y la vida parece normal. La tragedia va por dentro. «Tenemos mucho miedo a una réplica. Pasamos mucho susto. En La Medina hay casas derrumbadas. Si hay una sacudida por la noche estamos en peligro», afirma Nouredine.


Varias familias aguardan al aire libre ante posibles réplicas del seísmo que azotó Marruecos


J. J. Madueño

Y hasta en medio de la tragedia hay un hilo de luz. «No hay mal que por bien no venga. Esta situación ha despertado la solidaridad. Marruecos siempre se porta bien con los países y ahora responden, pero también entre vecinos. Aquí nos ayudamos todos, nos damos comida, una manta…» afirma Abderrazek en aquel jardín de la carretera en el que más de una quincena de familias se disponen a pasar la segunda noche.

La mayoría tiene pensado volver el domingo, pero si hay réplica estarán más. «Hasta que no nos digan que es seguro no regresamos», añade Mohamed. «Lo máximo que vamos a estar es tres días. El lunes regreso. Mi casa en La Medina no tiene grietas ni nada. Cuando volvamos todos vuelvo. No quiero regresar solo, sino con todos mis vecinos», explica Abderrazek, que la noche del viernes iba a salir a trabajar. Se marchaba a Casablanca, pero el terremoto le impidió hacerlo. Ahora duerme su segunda noche en un parque a la espera de que el suelo no vuelva a temblar.

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Por Juan Carlos Rodríguez Pérez

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