No todo en los Tercios españoles era el baile de aceros y las largas horas de guardia en espera de un asedio. Junto a ellos viajaba otro contingente en la sombra, el dedicado a la intendencia, que pocas veces ha sido reconocido. Desde gastadores –encargados de ensanchar vías, construir puentes…– hasta caballerizos, carreteros o vivanderos. Y eso, por no nombrar a las prostitutas, uno de los pilares sobre los que se alzaba la marcha de los soldados hacia la campaña. «Era una auténtica ciudad andante que necesitaba también de un sistema logístico que permitiera su traslado y su supervivencia», explica a ABC el historiador Juan Víctor Carboneras, presidente de ’31 de Enero Tercios’ y ‘Albaladejo Siglo de Oro’.
El experto responde hoy a ABC en calidad de cabeza visible de ‘Albaladejo Siglo de Oro’. Lógico, ya que los próximos 8, 9 y 10 de septiembre esta asociación tomará con sus picas y arcabuces este municipio manchego con una ingente cantidad de actividades y una recreación histórica que ya se ha convertido en todo un clásico en Ciudad Real. «Además de las batallas y representaciones relacionadas con el mundo militar, este año daremos vida a otros personajes como herreros, cirujanos, vivanderos…», sentencia. Porque, como nos confirma, todos y cada uno de estos trabajos eran determinantes para que la maquinaria de los ejércitos de la Monarquía Hispánica funcionara a la perfección.
Decenas de actividades
Es el tercer año que los Tercios tomarán este municipio y, como ya sucedió en 2022, lo harán cargados de sorpresas. Porque, como aquellos primeros soldados que se asentaron en Italia, ya son veteranos en esto de devolver a la vida a las legiones romanas de la Monarquía Hispánica. «Estamos convencidos: ‘Albaladejo Siglo de Oro’ se ha convertido en una referencia en el mundo de la recreación y está marcado en rojo en el calendario de todos los participantes», explica Carboneras. Los datos les avalan. Si comenzaron con medio centenar de recreadores, esta vez esperan una afluencia de dos centenares; muchos de ellos, llegados de todas partes de España.
Para celebrarlo, los organizadores han ideado una extensa lista de actividades que, anhelan, encandilarán a pequeños y mayores. Ejemplos los hay a montones. «Recrearemos el enfrentamiento que a veces se producía con la población civil cuando una compañía de los Tercios llegaba a los pueblos para reclutar hombres. Solía ocurrir por experiencias negativas anteriores», desvela Carboneras. También recrearán una boda campesina del siglo XVI, que, según narra el presidente, eran muy diferentes a las actuales. «Todo esto lo combinaremos con una batalla, eventos vinculados al mundo del campesinado –la llegada de los vendimiadores, por ejemplo– y la vida en un campamento militar», sentencia.
A su vez, también contarán con una compañía de teatro que representará entremeses de los grandes literatos del siglo XVI en un lugar preparado para la ocasión. «La asociación ‘Albaladejo Siglo de Oro’ se dedica también a la recuperación del patrimonio del municipio. Este año hemos habilitado un corral del pueblo como corral de comedias. Lo hemos hecho a costa de mucho trabajo, y estamos muy orgullosos de poder inaugurarlo», incide Carboneras. Tampoco se olvidan de una bodega de época que rehabilitaron para la edición anterior y que acogerá varias catas de vinos. Lo mismo que una fragua en la que mostrarán «cómo se trabajaba el hierro y el forjado en 1575», la época que recrean.
Con todo, los secretos y sorpresas que se avecinan son muchos. «El pueblo será tomado por jugadores de cartas, tabas y dados; soldados fanfarrones –muy típicos en la época–; aguadoras; lavanderas; escribanos –cuyas cartas se emitirán de forma ‘oficial’ a lo largo del día–… En definitiva, todo un arsenal de personajes que acompañaban a los Tercios españoles», añade Carboneras. Por descontado, contarán también con la colaboración de un elemento indispensable: los vecinos. «Desde el primer momento sintieron simpatía por el evento, pero cada año va a más. El crecimiento ha impulsado su colaboración», completa el historiador.
El nexo de unión de todas estas actividades será un congreso histórico que se celebrará en la Iglesia Santiago Apóstol el 8 de septiembre. «Hemos reunido a los mejores modernistas que han tratado aspectos de Albaladejo, el campo de Montiel y Castilla. Contaremos con una mesa redonda en la que nos ceñiremos al ámbito más militar de los Tercios, pero también con conferencias que versarán sobre la justicia en estas unidades, los destinos de los soldados…», completa. Porque, al fin y al cabo, recreación y divulgación van de la mano.
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Prostitutas, herreros, pajes…
¿Quiénes eran los otros héroes que acompañaban a los Tercios españoles? Entre los más destacados se hallaban los capellanes. «Estaban muy vinculados a cada compañía. Su función fundamental era la asistencia espiritual, pero también oficiar diferentes sacramentos como la eucaristía», explica Carboneras. Relaciones como las de Sancho de Londoño especifican que jugaban un papel fundamental en los momentos previos a la batalla, ya que arengaban a las tropas a combatir por Dios y por Santiago. «Apoyaban al combatiente para que alcanzara la salvación a pesar de que mataba a otros seres humanos. Les convencían de que lo hacían por una guerra justa y porque Dios lo mandaba», explica el experto.
Todo entroncaba con la salvación; su objetivo era que «la estancia del soldado en el purgatorio fuese la menor posible» y que «pudieran subir al reino de los cielos cuanto antes, mejor». Por último, los capellanes se encargaban también de realizar testamentos. «En este sentido hubo una serie de corruptelas. A veces se aprovechaban para quedarse con lo que tenían los soldados. Aunque es cierto que este comportamiento fue muy perseguido», sentencia Carboneras.
La asistencia espiritual debía completarse con una física. Y aquí entraban los barberos, cirujanos y médicos. «Acompañaban principalmente a los Ejércitos de Flandes. Las compañías asentadas en España o recién reclutadas no los necesitaban porque se nutrían de los que había en las localidades por las que pasaban», explica el experto. Hubo galenos peninsulares famosos por sus tratados en lo que respecta a cortar y hacer incisiones. Gracias a ellos, y a la atención primaria que se dispensaba en los campos de batalla, la medicina avanzó a pasos agigantados. «Cuando un soldado caía herido en combate, el primero que le atendía era su compañero. Luego se acudía al barbero –encargado de hacer suturas sencillas– y, cuando la cosa se complicaba, a los cirujanos y médicos», completa.
En los Tercios españoles tampoco faltaban las prostitutas, que acompañaban a los ejércitos para evitar que se produjeran violaciones y desmanes. «A los nobles se les enseñaba a controlar sus más bajos instintos, pero al tercer estado no. Por eso eran claves. Ellas, a su vez, veían en los militares un foco para obtener dinero de una forma rápida y sencilla», desvela el historiador español. El mismo Londoño desveló que, por cada centenar de combatientes, solía haber media docena de meretrices.
En cuanto a intendencia, no faltaban los herreros –encargados de la reparación de armamento– y los mozos. Estos últimos eran jóvenes que, como no podían sentar plaza de soldados, trabajaban a cambio de un sueldo para grandes oficiales. «Eran los únicos que podían pagar sus servicios», explica Carboneras. Sus labores abarcaban la ayuda en cocina, la limpieza… «Ahora bien, por las relaciones que conservamos sabemos que hubo soldados muy jóvenes. Niños de 13, 14 o 15 años que sentaban sus plazas como pica seca. A veces como una corruptela por parte de sus padres: les apuntaban y cobraban su dinero», completa el experto.
Llegar a los pueblos
Entre las diferentes actividades que se recrearán el Albaladejo, destacará una clásica recluta del siglo XVI. Esta empezaba con el capitán llegando a los municipios con sus oficiales de confianza, arbolando bandera e intentando que los mozos del lugar, siempre de forma voluntaria, se unieran al Tercio. Antes, había recibido una ‘instrucción’ en la que se le consignaba un distrito. Tal y como explica el historiador Antonio Rodríguez Hernández en sus ensayos sobre el tema, «Castilla estuvo sobrecargada de reclutamiento» en principio. Los datos le avalan. En el siglo XVII, por ejemplo, se levantaba una compañía en esta región cada 20.000 vecinos, mientras que, en la Corona de Aragón, cada 40.000. Aunque eso no implica que en el resto de territorios no se llamara a las armas.
Los capitanes cantaban las bondades de la vida militar y atraían a los nuevos reclutas con el ‘socorro’, una cantidad de dinero que equivalía a varias soldadas y les permitía afrontar los imprevistos del viaje y los gastos de su nuevo equipo. «Cuando ya no aparecían más voluntarios en ese lugar, el capitán, sus subalternos y los mozos alistados marchaban a otro, y así sucesivamente, hasta alcanzar el número de reclutas necesario, momento en que se daba por concluido el reclutamiento», explica la historiadora Magdalena de Pazzis Pi Corrales en ‘Tercios del mar’. En principio, todo este proceso no debía extenderse más allá de veinte días para no sobrecargar los gastos de los pueblos, pues era normal que los vecinos alojaran a los soldados bisoños.
Lo habitual, cuenta Carboneras, era que el pueblo recibiera a los soldados sin mayor rechazo. Con todo, hubo también algunos abusos puntuales por parte de los oficiales que turbaron la situación. Desde hospedajes demasiado extensos, hasta la obligación de entregarles comida. «Algunas veces la población se resistió. Existen informes en los que queda claro que se intentó sobornar a los capitanes para que pasaran de largo», añade el historiador. Aunque también insiste en que la Monarquía Hispánica combatió de forma frontal, y con todos los medios a su alcance, la corrupción de algunos oficiales. En general, o eso recalca, el proceso «era bien recibido por las villas»; lo mismo que los combatientes, que arribaban entre vítores a pueblos «como Albaladejo, que nutrieron de héroes a los Tercios españoles».


